Ella está sentada en su sillita roja, en el patio cálido, en un verano cálido, más lindo desde que ella está.
Mira al cielo y ve a la luna y dice:
¿Por qué la luna me ve?
-¿Te está viendo?
-Sí, allá. Y su pequeña mano la señala, porque siempre la encuentra.
-Porque... no... a ver... no te ve. Vos la ves.
Pero la luna brilla, y es como un ojo allá en lo alto.
Helena siente que la observa, que la otra la mira, que se están comunicando.
-Bueno -le digo- a lo mejor te vino a visitar.
-¿Es buena? (la luna. Ella ahora divide al mundo entre lo que es "bueno" y lo que es "malo")
-Sí.
-Me gusta la luna, mamá.
-A mí también.
Y nos quedamos un rato más mirando el cielo. La luna nos espía, pero nosotras seguimos conversando como si no nos viera
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